Cuando un ave produce más calor del que puede disipar, sufre estrés térmico. Para adaptarse, el ave reduce su ingesta de alimento y, por lo tanto, su crecimiento disminuye. Al no satisfacer las necesidades energéticas, el ave puede no estar consumiendo cantidades suficientes de algunos nutrientes, como aminoácidos y vitaminas. En consecuencia, habrá un descenso en la producción de huevos…
